Cuando le decimos a alguien <<¡Que te den morcilla">>, expresamos nuestro descontento y nuestro enojo. Al igual que mandar a freir esparragos, es una muestra de enfado con la que concluimos una conversación molesta o nos desprendemos de quien no nos agrada. La frase tiene su origen en una antigua costumbre: se ponían en la calle morcillas enveneadas para matar a los perros callejeros, porque se creía que éstos propagaban la peste y las enfermedades. En realidad los pobres perros no transmitían enfermedades: la causa estaba en la falta de higiene y n la suciedad de las ciudades antiguas.
A nosotras nos dieron morcilla recien hecha buenísima. Aqui está la prueba.




